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España, a 18 de mayo de 2026

Hoy hace cuatro meses de un accidente que se podría haber evitado. Y con él, las consecuencias físicas y psicológicas que tantas personas arrastramos desde entonces.
Algunas, por el simple hecho de viajar en el tren aquella tarde de enero; comprar aquel billete de pasajeros nos salió demasiado caro. Otras, por el daño colateral en forma de abismo que supuso tener que despedir a quienes queríamos, sin tan siquiera la posibilidad de un último adiós.
Viajar en tren puede ser muchas cosas, pero desde luego ya no es lo que era para todos nosotros.

Viajar en tren en España ahora mismo es considerado un deporte de riesgo para muchos pasajeros que antes eran habituales. ¿Quién nos garantiza que lo que ocurrió no vuelva a suceder?
¿Estamos decididos a volver a olvidar lo vivido, como hicimos hace 13 años con el descarrilamiento de Angrois? Entonces, fueron 80 las personas que perdieron la vida. Esta vez, han sido 46. Y no debería ser ninguna más.
Nuestro deber como ciudadanos es sencillo: no olvidar. Exigir verdad, transparencia y responsabilidades para evitar el dolor de este sufrimiento.
Nos necesitamos como sociedad para conseguir que así sea.

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